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Homenaje a Franz Bardon


ara cerrar esta breve exposición sobre la Magia, no puedo sino evocar al Gran mago, al que, a lo largo de los tiempos, en cuerpos y con nombres diferentes, transmitió a los hombres esta Ilustre Ciencia.

En el pasado fue llamado “Luz de Thot” y ciertas estelas, actualmente destruidas, contaban que “a orillas del Nilo, las jóvenes, mientras lavaban la ropa, cantaban su esplendor igual que la aparición del sol a través de las brumas tornasoladas de un amanecer de primavera”. También se decía :

“Oh Tu, N... Tu, tan joven, ¿ quién te ha hecho tan Grande ante el Faraón ?”

Y a esta pregunta la respuesta era siempre la misma :

“Es el Soplo de la Gran Serpiente del Conocimiento que sólo tiene el Poder de elevar”.

En aquel tiempo fue llamado Herumos, que significa “Hijo de Heru”, Hor, Horus, el Dios Vivo. Los Griegos transformaron su nombre y éste se convirtió para todo el Occidente en “Hermes Trismegisto”, el Tres Veces Grande.

Reconstituyó todo el Saber disperso que Egipto había heredado de la Atlántida, lo purificó, lo pulió y asentó los fundamentos de todo Conocimiento.[1]

Luego apareció en Grecia. Compañero secreto de Cristo, como el Salvador, fue al Tíbet y recorrió Oriente y Europa, llegó a las orillas del “Sécuana”, en el país de los Galos y, en una pequeña isla de este río, enterró una piedra de un electromagnetismo fulminante con el fin de que, en los siglos futuros, emergiesen de ese lugar, Vida, Cultura y Civilización. Era Lutecia, el actual Paris.

Ante las maravillas, no solamente de sus actos sino también de la emanación de su propia naturaleza, los Antiguos dijeron de él en aquel tiempo, Dios estaba entre los hombres”. Asimismo, los primeros Cristianos, que ignoraban la realidad profunda de este ser y los lazos que le unían a su Maestro, sorprendidos por la veneración que suscitaba este Gran Mago, difamaron a... Apolonio, el Tianeo.[2]

Fue conocido en China, luego también varias veces en Europa, en el siglo XVIII,[3] y fue siempre para perfeccionar el Conocimiento de los hombres e ilustrar la Magia.

Cuando el mundo conoció en el siglo XX un conflicto entre las Fuerzas de la Luz y las miasmas de las tinieblas y porque que prácticas de magia negra fundaban una ideología y sostenían la acción belicosa de ciertos pueblos, volvió.[4]

Desconocido entre los hombres, contrarrestó (con la ayuda de Seres de Luz) estas fuerzas demoníacas lanzadas sobre nuestra pobre Humanidad. Como lo había hecho en el transcurso de los siglos precedentes, enseño de nuevo con la simplicidad y la abertura de corazón de Aquellos que son verdaderamente “Grandes” y volvió a divulgar los Fundamentos de la Magia.

Por muy extraordinario que esto pueda parecerle al lector, me permito pues rendir homenaje a Quien abandonó nuestro mundo en 1958, del cual el nombre y la vida aparente eran de una banalidad inversamente proporcional a Su Grandeza... Franz Bardon.

Alexandre Moryason

Abril, 1986 y Junio 1992

Este homenaje no se destina a crear en ídolo un ser que ha, cierto, desde hace tiempo, traspasado nuestra condición humana. Se intentaría hacerlo — y eso se comprendería — en la medida en que nuestros nevrosis, nuestras debilidades y nuestros vagabundeos encontrarían en este gesto un consuelo a nuestro sufrimiento.

Tiende más bien a despertar — como lo hace toda presentación del Conocimiento Esotérico y Espiritual — esperanzas en los que buscan verdaderamente una salida a este laberinto que es la vida terrestre actual, hundida en las disensiones y la violencia en cuanto a la división de los bienes materiales, hundida, en realidad, en la ignorancia de lo que es el Universo y también de lo que es el ser humano.

A la semejanza pues de todos los Adeptos o Maestros de Sabiduría, Franz Bardon puede ser considerado a la vez como un modelo que debe alcanzarse y un Guardia real y no simbólico a quien se puede dirigirse, por el pensamiento y por la emoción, en la soledad de la práctica “mágica” individual, práctica que conduce a este estado mismo que representa.


[1] Hermes Trismegisto vivió en el siglo XIV antes de J.C. Su Sabiduría y su Conocimiento eran tales que fue comparado con el Dios Tot, Señor de la Magia en Egipto. Al cabo de aproximadamente treinta y cuatro siglos, es comprensible que se haya creado una confusión y que esta asimilación mítica se haya perpetuado.
[2] Apolonío de Tiana nació en Cappadoce en los comienzos del primer siglo de nuestra era y murió a una edad muy avanzada. Por lo tanto fue contemporáneo de Jesús. Su maravillosa vida fue relatada por su discípulo Damis de Ninive y esta narración fue retomada por Filostrato dos siglos más tarde. Apolonio no fue una "encarnación" ulterior de Jesús como algunos afirman. Apolonio de Tiana retiró de los hombres el uso del "núcleo‑diamante‑energético" de la Tradición Esotérica Occidental ("el Egregor") y ordenó a sus Discípulos que llevasen al norte de la India, en el transcurso del siglo siguiente (segundo de nuestra era), los manuscritos más preciados, relativos a este Santo Conocimientos antes del cruel estrago que destruyó oficialmente la Sabiduría Antigua.
[3]Al tratar de la presencia de este Adepto que también se encarnó en el siglo XVIII y cuyo nombre "el Conde deSaint Germain" maravilló a todos los Grandes de esa época, H.P. Blavatsky precisa : "El Conde de Saint Germain fue sin duda el Adepto oriental más grande que Europa viera desde hacía muchos siglos. Pero Europa no le conoció. Quizás algunos le reconozcan durante el próximo "Terror" (en itálica en el texto de H.P. Blavatsky) que afectará a toda Europa cuando esto ocurra y no solamente en un país." ("Glosario Teosófico", página 300. Ediciones Adyar, 1981. Estas líneas fueron escritas unos cincuenta años antes de la realización de esta predicción). Véase nota siguiente.
[4] Piénsese en "Frabato el Mago'', relato autobiográfico, aunque velado, de un periodo de la vida de este Gran Mago durante el nazismo. Durante la última Guerra Mundial realizó un trabajo muy importante de orden oculto cuando la Humanidad se encontraba confrontada a un Karma que arrastraba desde la Atlántida. El Conde de Saint Germainrealizó también, bajo "el Terror", nacido de la Revolución Francesa, un trabajo oculto capital. No es sin razón que para describir los acontecimientos de la última Guerra Mundial se haya empleado la palabra que la Historia atribuyó a la situación dramática en Francia a finales del siglo XVIII "el Terror".

 
     
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